- álbum: Tea for the tillerman
- año: 1970
- sello: Island
"From the moment I could talk
I was ordered to listen
There's a way and I know
that I have to go away"

En el DVD editado hace apenas cinco años "Majikat", que recoge un concierto de su gira de 1976, se puede apreciar la increíble intensidad con la que Stevens entendía la música, como ésta filtraba por todos los poros de su cuerpo dando forma a un éxtasis que pone los pelos de punta. Esa es la demostración más clara, el momento clarividente en el que deja vislumbrar cómo, dentro de su discurso despoblado de iconos, la honestidad, la falta de prejuicios, y su obsesión por vivir (léase con mayúsculas), convertían un lenguaje musical que aparecía como amable y falto de ángulos, en un dechado de amor por la vida, concebido en toda su plenitud, y hacían de él un compositor único e irrepetible, un verdadero outsider en un panorama lleno de genios hinchados de LSD y fantasías ultraterrenales.
"Father and Son" es el más claro ejemplo de eso. El diálogo de un padre y un hijo que pone al descubierto los errores y aciertos de cada uno, que desvela ese camino que irremediablemente hemos de recorrer y al que hemos de llegar, piedras en las que tropezar, derrotas que celebrar, triunfos que rememorar. El padre, que ya ha sido golpeado por la vida en múltiples ocasiones, descubre la urgencia juvenil de su hijo, su necesidad de crecer, y le pide calma, paciencia para no cometer esos fallos que él mismo sufrió, que no se deje llevar por unos impulsos y unos sueños que con el tiempo desaparecerán. La voz de la doble y dolorosa certeza: la de que el chaval necesita llevar a cabo esos pasos por sí mismo, y la de que los errores serán similares llevándole a sufrimientos parejos. El hijo siente la vida abriéndose como millones de posibilidades que experimentar, y siente la necesidad de saltar más allá, de liberarse de esa guía al mismo tiempo sabia y aleccionadora erigida en la figura del padre, de trazar su propia libertad, de equivocarse, de explotar en toda su ansia de vivir. Este diálogo Stevens lo representa con su habitual sutilidad acústica, interpretando con voz grave al padre, y con subidas de intensidad y tonos agudos, al hijo, llegando un climax final en el que un coro responde a cada una de las voces.
Sí, es simple. No, no hay tragedias (al menos explícitas). No hay mensajes aleccionadores. Hay una composición excelsa que demuestra que la vida no hay que explicarla, que se representa por sí misma, que solo hay que saber leerla, y disfrutar de cada una de sus diferentes estaciones. Una demostración de sentimientos encontrados, intereses enfrentados, caminos cruzados, una lectura vital sin prejuicios ni cortapisas, sin presupuestos, con un único límite: el tiempo que nos queda. Todo esto expresado con una sensibilidad exquisita, una intensidad emocionante hasta la lágrima, una clarividencia que no pertenece a los genios, sino a los vividores. Porque Cat Stevens nos presenta a sus “vividores” como aquellos que entienden su periplo necesariamente como alegría y dolor, sufrimiento, tristeza, algarabía, preocupación y despreocupación, equivocarse y acertar y volverse a equivocar, soñar y razonar, sin que deba faltar ni uno solo de sus ingredientes. Qué mejor receta para sentirse vivo por uno mismo, y no por contraste con los que no pueden (o no han sabido) cocinar tal menú.
Autor: Jesús Saez
Más información: Web oficial
Mp3: Father and son
Youtube: Versión en directo
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