Todo empezó como un juego. Como siempre empiezan estas cosas. Un grupo de chalaos por la música, los deportes y las mujeres se enzarzan en discusiones bizantinas sobre canciones, sistemas de votación, ordenación, y todas esas fruslerías. Una buena excusa para repasar algunas de las mejores canciones internacional de todos los tiempos . Una lista que, como todas, es subjetiva y sobre la que no se ponen de acuerdo ni siquiera los individuos que la perpetraron...

miércoles, 25 de febrero de 2009

36 - "The needle and the damage done", Neil Young

  • álbum: Harvest
  • año: 1971
  • sello: Reprise

  • "I've seen the needle and the damage done
    A little part of it in everyone
    But every junkie's
    like a settin'sun"

La música, más allá incluso de los autores e intérpretes que la han hecho viva, siempre ha jugado con la autodestrucción. El rock’n roll creció bajo unas premisas de urgencia y fugacidad y dio lugar a unas máximas que, desde cierta cordura, resultan inaceptables. Los personajes autodestructivos, los perdedores que buscan desperdiciar sus cartas de la manera más truculenta posible, han sido objeto de admiración por imberbes en plena explosión rebelde y sesudos intelectuales en distante estudio psicológico y antropológico. Algo así como un veterinario visitando un zoo, vamos.

Neil Young sabía cuando escribió “The needle and the damage done” que muchos lo iban a juzgar por moralista (en la recopilación “Decades” incluía unas notas al respecto de la canción que rezaban “I am not a preacher, but drugs killed a lot of great men.” – No soy un predicador, pero las drogas mataron a muchas grandes personas), que su posición iba en contra de los cánones del rock y que su música se iba a considerar menos “transgresora” por adoptar este tipo de mensajes. Pero al igual que hoy en día ser honesto es todo un dechado de actitud punk, lo de Young fue un auténtico acto de lucidez y rebeldía. Porque las reglas mandaban que la autodestrucción y la heroína eran el camino, y el decidió no seguirlo. Y sobre todo, porque Young se sentía vivo, y sentía la pena de haber visto morir bajo los efectos de la aguja implacable a Danny Whitten (guitarrista de Crazy Horse) y Bruce Berry (roadie de Young durante sus giras con su banda). Esa melancolía pronfunda, esa tristeza del que ha visto a un hombre apagarse lentamente y morir consumido como un cigarrillo abandonado en un cenicero de papel de plata, está presente en cada cuerda que rasga Young en los apenas dos minutos que dura la canción. A pecho descubierto, de la forma más directa y honesta que por entonces conocía un músico.

No era una cuestión de moral. Era una cuestión vital. No era una cuestión de miedo, sino de respeto. Hay mucho de arrebatador y pasional en esos personajes autodestructivos, sumidos en un mundo de drogas y patetismo (el ejemplo más cercano podría ser Nacho Vegas). ¿Cuál es el mito? Sin duda, en este caso, el autor o intérprete subyugado a su propia necesidad de crear. Entonces, compraremos una nueva entrada para acudir al mayor espectáculo del mundo, nos sentaremos bien arriba en la grada, para tener una visión panorámica de la pista central, y aplaudiremos fervorosamente cuando el trapecista falle el triple mortal sin red.

Autor: Jesús Sáez

Más información: Página oficial

Mp3: The needle and the damage done




Youtube: En directo en la televisión

1 comentario:

Luis dijo...

De hecho, la canción surge directamente relacionada con Danny Whitten y -en parte- el complejo de culpabilidad de Young cuando lo largó definitivamente y por segunda vez en plena gira, dándole unos dólares para que volveira a casa en el autobús de la Greyhound. Si no recuerdo mal la historia, fue la última vez que lo vió.