Todo empezó como un juego. Como siempre empiezan estas cosas. Un grupo de chalaos por la música, los deportes y las mujeres se enzarzan en discusiones bizantinas sobre canciones, sistemas de votación, ordenación, y todas esas fruslerías. Una buena excusa para repasar algunas de las mejores canciones internacional de todos los tiempos . Una lista que, como todas, es subjetiva y sobre la que no se ponen de acuerdo ni siquiera los individuos que la perpetraron...
Bacharach/David... David/Bacharach. Uno con la música, el otro con la letra, han formado una de las más grandes parejas de la historia de la música. En una actuación benéfica, Burt pidió a The Carpenters que interpretasen un "medley" de canciones compuestas por el propio Bacharach. Seleccionando el material, incluyeron Close to you, en aquel tiempo una pequeña y prácticamente desconocida canción.
Tras oírla, Richard y Karen decidieron no incluirla en la actuación, pero consideraron que podría ser un buen single para su repertorio.
Poco después, estaban tocándola en the Westbury Music Fair in Long Island junto a Burt Bacharach. Dos días después fue grabada y, seis semanas más tarde, era número 1.
Pulsas el play, cierras los ojos y empiezan a sonar los primeros acordes. Al instante, la voz de Karen empieza a mecerte; tan sólo te queda disfrutar de los 2 minutos restantes: just like me, they long to be, close to you....eterna.
"Every moment you smile rain lets up for awhile Sun starts clearing your sky"
La música puede ser muchas cosas. Desde mero entretenimiento a Arte con mayúsculas. Y en medio de esos dos extremos, y quizá con algo de ambos, de vez en cuando aparece una canción que te cambia el estado de ánimo... para bien. Te anima, te pone las pilas, te hace sonreír incluso. A mí me pasa con "Take a run at the sun". De hecho, creo que lo primero que recuerdo de esta canción es la sonrisa (incluso carcajada) al ver el vídeo. Lo bueno es que detrás de un video divertido hay una canción estupenda. Optimismo puro, y unas guitarras que, habituadas al ruido en manos del dinosaurio greñudo, en este caso suenan limpias y con querencia surf. Si añadimos el theremin del principio, los coros, la ambientación del video y la letra de la canción, está claro en quién pensaba J. Mascis al componer… no? Pues eso, buenas vibraciones.
"I remember joy and pain Her smile, her tears are part of me"
¿Has sentido alguna vez esa pena que recorre todo tu cuerpo cuando la persona que quieres decide dejarte? Sensación que se vuelve angustiosa si encima esa persona se ha enamorado de otro. La luz se torna sombra, sientes que no volverás a respirar, el tiempo pasa sin pena ni gloria. Cuando cae la noche, la sensación de soledad es total. Pero entonces consigues dormirte y sueñas que quizás, después de que él se haya ido, ella volverá a quererte.
Es la grandeza de la música, y en especial del pop de los sesenta. Dos minutos y medio bastan para expresar o describir un estado de ánimo con el que no nos podemos sentir más identificados. The Zombies vuelven a dar en el clavo, esta vez con una canción de desamor, a la que añaden una melodía sobria pero cautivadora y la especialidad de la casa: una voz y unos coros que no son de este mundo.
"Maybe after he's gone" fue originalmente cara B de la no menos maravillosa "Care of cell 44", lo cual demuestra el enorme talento de The Zombies. Y es que quizá se trate del mejor grupo de singles que ha dado la música. Posteriormente fue incluida en el LP "Odessey & Oracle".
"Son los niños los que me hacen sentir. Si, los niños me hacen sentir más. Más que el alcohol. Más que el arte. Más que los discos de los Beach Boys"
La canción representativa del mejor álbum (si, álbum, para ser escuchado y juzgado como un todo) de uno de los grupos más infravalorados de la historia del indie inglés. Darren Hayman era a Hefner lo que Brian Wilson a los Beach Boys: un compositor (y líder del grupo) cuyo talento sostenía creativamente a toda la banda.
Es imposible que no ser subjetivo a la hora de valorar esta canción. La historia de un cuasi-treintañero con carrera y dinero que no ha alcanzado la felicidad cuando se supone que la debería tener ("nos sentimos tan vacíos y nuestros veintitantos deberían ser años mejores"), seguramente porque las posesiones materiales no pueden llenar la terrible sensación de sentirse solo ("y el maldito teléfono no suena nunca, y daría todo por un poco de vino, una conversación y estar sano"). En realidad, una paranoia propia de un treintañero (o casi) gafapasta sin novia que se pasa cuando te enamoras y es correspondido. Pero que levante la mano el que no se ha sentido así en algún momento de su vida.
Además, el protagonista (el propio Darren Hayman, un compositor muy autobiográfico) tiene algunas filias y fobias muy similares a las que tengo o he tenido (la confianza en los niños y el deseo semi-oculto de ser padre alguna vez, el amor por los discos de los Beach Boys, el "sentimiento de estar jodiendo a la gente que queremos que nos espolea en noches insomnes sin fin"). Como digo, me resulta imposible no ser subjetivo al hablar de esta canción.
Una bella melodía, un riff de guitarra muy pegadizo, un mensaje fatalista pero cargado de emoción en el estribillo que recuerda al gran éxito de Joy Division ("El amor acabará destruyéndonos"). Esta canción lo tenía todo para ser un “hit” indie y me temo que nunca alcanzó ese status, circunstancia que solo puedo explicar al hecho de que Hefner nunca tuvo el apoyo de un sello potente. Aún así, Hefner generó su pequeño núcleo de seguidores sin llegar al nivel que creemos algunos se merecía.
"Love Will Destroy Us In The End" es representativa del resto de temas de "Breakin' God's Hearth", el cual contiene por lo menos 4 o 5 canciones del mismo nivel o superiores, pero más melódicas y con menos "riffs" ("Love Inside The Stud Farm", "A Hymn To The Postal Service", "Pure", "Another Better Friend").
Si Darren Hayman (que hoy actúa en solitario tras la disolución del grupo) hubiera seguido por la linea compositiva de "Breakin' god's Hearth" podríamos estar hablando de los "Teenage Fanclub oscuros". Para bien o para mal, el grupo quiso reinventarse a si mismo en cada disco. A este le siguió un disco sobrio pop ("The fidelity wars"), el más alegre de su carrera ("We love the city", en el que se notaba que Darren había vuelto con su novia) y el que fue su último disco de estudio, en el que se empeñaron en experimentar con electrónica y sintetizadores antiguos ("Dead Media", germen de la banda electro-pop con la que Darren grabó discos post-hefner: The French).
Sabes que un disco es de tus favoritos de todos los tiempos cuando, haciendo tus tareas cotidianas, te vienen a la mente fragmentos de las melodías de sus canciones que ni siquiera son las más conocidas del mismo y no telas puedes quitar de la cabeza en todo el día. Este es de mis discos favoritos de todos los tiempos sin duda.
"Let me go on like I blister in the sun Let me go on big hands I know your the one"
Esta canción NO va sobre la masturbación. Gordon Gano se ha hartado de decirlo. Pero la gente no le cree. Quizás eso "big hands I Know you're the one" es una metáfora demasiado poderosa. En cualquier caso, esta canción ha quedado como el clásico más conocido de Violent Femmes, una banda de largo recorrido que sigue estando a un gran nivel (ahí están sus últimos conciertos para atestiguarlo) y que sigue siendo, sin discusión, una de las bandas más entrañables del panorama musical. La amalgama que forman los tres superhéroes de barrio que la componen es simplemente irresistible: Gordon Gano, el líder que no quiere serlo, con su pinta de tímido profesor de literatura; Brian Ritchie, el inmenso bajista, vestido por su peor enemigo y dominador de un sinfín de instrumentos de lo mÁS exótico; y el recuperado Victor de Lorenzo, hombre espectáculo que toca la batería de pie sin parar de bailar en todo momento.
Empezaron los Violent en la calle, tocando en plazas públicas de su Wisconsin natal y así estuvieron un par de años hasta que consiguieron publicar en 1983 su disco homónimo (debut no superado) en el que aparecía "Blister in the Sun", junto a otros favoritos en directo como "Add it up", "Kiss off" o "Gone Daddy Gone" (recientemente versioneado por Gnarls Barkley): una colección de odas-himnos de ¿folk-punk-country-rock? sobre las contradicciones de la adolescencia y el difícil tránsito hacia la edad adulta. Sensaciones con las que cualquier adolescente se habrá sentido alguna vez identificado. Porque no olvidemos que la adolescencia, por antonomasia, es la edad de la masturbación.
álbum: Red House Painters (The rollercoaster album)
año: Mayo, 1993
"I need someone much more mysterious to be my miss to be my mistress"
La luz tenue se filtra por las cortinas. Es una luz de cielo gris, de otoño. Era el otoño de 1993. Todo ese año fue otoño. Y todas las fotografías eran sepia, como la maravillosa portada del disco, el primer "Red House Painters" de ese año, el de la montaña rusa. ¡Qué elegante diseño tenían todos los discos de 4AD!
La canción se filtraba por los resquicios de las cortinas y esas guitarras se iban derramando como cataratas entre las que los susurros del mohíno Mark Kozelek iban describiendo el mismo camino, exactamente el mismo, que habían recorrido tus lágrimas.
Sí, jamás sería tuya y lo sabías. Pero tratabas de engañarte y te repetías constantemente que ella no era lo suficientemente buena para ti. "Necesito a alguien mucho más misterioso, para ser mi señora".
"I think it's a fucking good song, but I think I can do better", Noel Gallagher
No olvidaré el día en el que mientras comía pizza barata en un antro turco apareció por la puerta aquel tipo bajito y regordete. Brillaba como un diamante entre la morralla. Impresionante traje negro, sombrero, un llamativo anillo con una gran bola negra, zapatos negros que tenían pinta de costar mi sueldo de un mes... pidió unas pizzas “to take away” y unas latas de cerveza y desapareció indiferente.
Sí señor, era el mismísimo Alan McGee. El ilusionista que vendió al mundo algunas de las mejores canciones de la historia (y que cuando se hartó hizo el negocio del siglo vendiendo Creation a Sony) en una escena que lo define todo. Un estilo que conquistó el mundo durante una década y volvió (una vez más y ya van...) a desparramar el imperio británico por nuestras vidas.
En 1994 Manchester comunicaba de nuevo al resto del mundo que volvía a tener suerte y regalaba otra de esas gemas que se descubren de cuando en cuando, uno de esos himnos pop de juventud que enseñan que la vida es simple y no hay más allá de disfrutar de las nuevas sensaciones.
Cinco jovencitos cualesquiera de esos con bermudas y polo, de piel color cangrejo y lata de cerveza en mano que deambulan como zombis por las playas de nuestro país, habían compuesto la canción "Live Forever" y se la entregaban a McGee en este single, una de esas mejores canciones de la historia.
Hoy en día, basta oirla para sentir una época y recordar a los arrogantes hermanos “gálaga”, esos que le dieron la patada en el culo al grunge y volvieron a hacernos sentir que la melodía en una canción lo es todo.